No hace falta esperar a que se comercialice el famoso microondas del frío para disfrutar de una bebida fresquita en poco tiempo. Tenemos a mano remedios más baratos para ello, hablamos del hielo y la sal.
 
Los cubitos de hielo sabemos perfectamente cómo funcionan, pero no, no nos referimos a echarlos sin más en el vaso, hay formas de utilizarlos sin aguar los refrescos. Aquí es donde interviene la sal:
 
Si se deposita en un recipiente la lata de refresco o botella, y le añadimos agua, hielo, sal, y lo removemos todo, en pocos minutos o segundos conseguimos que la bebida esté fría y lista para degustar. ¿Cómo es eso posible? Química pura y dura.
 
Al mezclar agua y sal tiene lugar una reacción endotérmica, es decir, una que absorbe energía. Para que la sal se pueda disolver, necesita calor, que lo “cogerá” de la lata o la botella, de forma que el frío de los hielos pasará más rápido al recipiente.
 
Fuente: iEnterate.
 

 
Las técnicas de influencia verbal son una de las armas más poderosas de uso diario, aunque a veces ni siquiera las percibamos.
 
Conocerlas resulta útil no solo para lograr sus objetivos en la comunicación, sino también para saber cómo protegerse cuando quieren manipularnos. 
 
'Social proof' (Prueba social). La frase "En cualquier situación confusa, actúa como los demás" podría ser el lema de esta técnica basada en el espíritu gregario, es decir, en la idea de que decisión de la mayoría es la mejor prueba de que uno ha tomado la decisión correcta. Se trata de una función preventiva de nuestro cerebro, que evita así tener que procesar mucha información. En nuestros tiempos está técnica se usa mucho en los negocios, cuando basta con mostrar al potencial cliente la cantidad de gente que compra un producto para demostrar que el producto es bueno. Otro ejemplo muy popular es la risa detrás de la cámara que se usa en los seriales o shows de humor. 
 
Método de confortación del grupo. A diferencia de la técnica anterior, este método, conocido en psicología como adoctrinamiento, tiene más que ver con la opinión de la gente. Se basa en el principio de que una tesis repetida muchas veces dentro de un grupo se acaba convirtiendo con el tiemp en una verdad para sus miembros. El académico estadounidense Robert Lynn Carroll decía que la declaración que se repita no necesariamente tiene qué ser verdad. Se considera que la gente cree en todos los valores del grupo si se identifica con el grupo y no quieren ser marginados. 
   
Pedir ayuda o el método de Benjamín Franklin. Una vez Benjamín Franklin tuvo que firmar un contrato con un hombre a quien le caía mal. Entonces Franklin le pidió de una forma muy correcta que le  prestara un libro que era difícil de encontrar y le dio muchas gracias por la ayuda. Despues de aquello, los dos se hicieron buenos amigos. Este método se basa en el principio de que a le gente le gusta que le pidan ayuda. En primer lugar, porque cuentan con que pueden recibir ayuda en respuesta. Y, en segundo lugar, porque ayudando a otros uno se siente útil.  
 
Regla de una cadena lógica. Los psicólogos han llegado a la conclusión de que el deseo de ser o de, al menos, parecer lógico en nuestros actos es una característica innata del ser humano, lo que a menudo le obliga a ir en contra de sus propios intereses y deseos. Para hacer que una persona actúe de cierta forma, es necesario iniciar un mecanismo de secuencia en su pensamiento. El punto de partida en este mecanismo los psicólogos sociales lo llaman la obligación. Una persona que ha asumido la obligación (incluso inconscientemente) hará todo para cumplirla. Según los psicólogos, ello se debe a que en las sociedades modernas el comportamiento lógico se considera una virtud y se asocia con la honestidad, la inteligencia, la fuerza y la estabilidad. 
 
Alabanza. La alabanza, es decir, las reacciones positivas que generan nuestros actos, pueden incitar a una persona a repetir la acción en el futuro. Según el psicólogo estadounidense Frederic Skinner la alabanza hace al hombre más eficaz en su trabajo que el castigo, que resulta más bien contraproducente.  
 
Motivar con el temor. El temor es una de las emociones humanas más poderosas para manipular a la gente. Ante la perspectiva de perder algo, la persona acepta órdenes y condiciones. Según las investigaciones de los psicólogos, la gente acepta cosas con el doble de frecuencia cuando teme perder algo.  
 
Espiral de silencio. En la teoría de la comunicación masiva existe la noción de la espiral de silencio, propuesta por la politóloga Elisabeth Noelle-Neumann, según la cual la gente puede compartir algún punto de vista pero tiene miedo a confesarlo, ya que piensan que están en minoría.  
 
Órdenes verbales incorporadas. Incorporar en su discurso órdenes verbales ayuda al iniciador de la conversación a crear cierto ánimo en el destinatario, a provocar una emoción deseada y, de esa manera, dirigir sus pensamientos hacia una dirección concreta. Un mensaje incorporado es un fragmento de una frase que se destaca por medio de gestos o por la entonación. El impacto se produce a nivel subconsciente, por lo que la persona no presta atención. Introduciendo en su discursos palabras con una connotación positiva (palabras como "agradable", "bueno", "felicidad", "suerte", "confianza", etc) el oyente se siente más feliz y confiado. No importa de qué se trate y en qué contexto se pronuncien las palabras: lo más importante es subrayar las palabras con gestos y entonación.  
 
Método de aikido. Este método se basa en la filosofía del arte marcial aikido, que propone usar la fuerza de tu rival contra él y ganar cediendo. Es decir, para convencer a uno hay que ponerse de su parte, reflejando su manera de hablar y de comportarse. Y solo después, tranquilamente, proponer su variante. 
 
Fuente: Actualidad.rt
 

 
Por: Consuelo Hernández 
 
El optimismo es la capacidad que tenemos como personas para visualizar los aspectos positivos de la vida, ya sea de una situación, de las experiencias o de las personas, asegura la psicóloga Miriam Hernández.
 
La especialista de la Clínica de Asistencia a Pacientes de la Sociedad Psicoanalítica de México (SPM) detalla que el optimismo implica la posibilidad de sentirnos capaces de afrontar los retos del día.
 
Tener pensamientos positivos nos permite tener una buena actitud ante cualquier reto que se nos presente y nos da el empuje suficiente y necesario para poder superarlo con éxito y lograr nuestros objetivos.
 
Para que estimules el optimismo y mejores tu calidad de vida, la psicóloga Miriam Hernández comparte los siguientes pasos:
 
1. Identifica tus habilidades y fortalezas
2. Realiza cosas que te hagan sentir bien
3. Encuentra motivadores personales
4. Busca tu satisfacción personal
5. Haz ejercicio para estimular las endorfinas
 
¡Piensa y ve las cosas de forma positiva! Las personas que tienden a ver sólo las partes negativas de la vida se enferman más, es decir somatizan sus emociones; quienes son más positivos “no tienen la necesidad de llevar a su cuerpo el estrés, la fatiga, la gastritis o la colitis”, manifiesta.
 
“El optimismo está relacionado con tener una buena autoestima y tener una buena conformación e integración de nuestra personalidad, lo cual significa el darnos cuenta de quiénes somos nosotros y qué es lo que queremos hacer en la vida”, aclara Miriam Hernández.
 
“Muchas veces cuando no sabemos cuál es el ritmo de nuestra vida y nos sentimos agotados puede deberse a otros factores emocionales; si no podemos identificarlos, lo mejor es pedir ayuda profesional como la psicoterapia”, concluye.
 
Fuente: Bienestar 180.
 

 
 
Por Marta Jiménez Serrano.
 
La práctica totalidad de las ciencias ha estudiado qué nos hace felices y qué no y las respuestas son tan variadas como investigaciones se han hecho sobre el tema. El periodista Jeff Haden ha recogido algunas de las principales actitudes que contribuyen a nuestra felicidad, basándose en las observaciones de Belle Beth Cooper. Estas son, entre otras, diez de las conclusiones más sólidas.
 
1. Haz ejercicio. Aunque sea durante 7 minutos. Con frecuencia pensamos que no tenemos tiempo para hacer ejercicio, pero sólo siete minutos son suficientes para hacernos un poco más felices. ¿No tenemos siete minutos que extraer de nuestro apretado horario?
 
El ejercicio tiene un efecto tan profundo en nuestra felicidad y en nuestro bienestar que se ha convertido en una estrategia eficaz para combatir la depresión. Así lo probaba un estudio citado en el libro de Shawn Achor The Happiness Advantage. En él tres grupos de pacientes deprimidos fueron tratados con medicación, con deporte o con una combinación de ambos. Los resultados son verdaderamente sorprendentes: todos los grupos experimentaron una mejoría. Sin embargo, fueron testados seis meses después para comprobar si se habían producido recaídas. Un 38% de los que sólo habían tomado medicación había retomado la depresión, un 31% de los que habían combinado medicación y ejercicio había recaído igualmente, y sólo un 9% de los que habían paliado su depresión con el deporte había recaído a los seis meses.
 
Los beneficios del deporte, sin embargo, no se limitan a las personas deprimidas. Igual que sus efectos son positivos en éstas, lo son en cualquiera que haga ejercicio y desee ser un poco más feliz a lo largo del día. Una buena opción es practicar running, lo que te dará una libertad que es imposible alcanzar mediante otros deportes.
 
2. Duerme más: serás menos susceptible ante las emociones negativas. Dormir es muy importante para que el cuerpo se recupere de su actividad diaria, y tiene efectos muy positivos en nuestra alegría. Así lo confirman Po Bronson y Ashley Merryman en NurtureShock, donde aluden al hecho de que los estímulos negativos se procesan en la amígdala y los positivos y los neutrales en el hipocampo. La falta de sueño afecta con mayor intensidad al hipocampo, por lo que las personas que duermen mal tienen mayor tendencia a recordar con intensidad los eventos negativos y a olvidar los positivos.
 
La afirmación se sustenta con un experimento realizado por Walker en el que una serie de universitarios privados de sueño debían memorizar una lista de palabras. Recordaban el 81% de las palabras negativas, como cáncer, y sólo el 31% de las palabras positivas o neutras, como sol o baloncesto.
 
El humor con que afrontamos las primeras horas del día puede condicionar la jornada completa, de modo que es importante descansar bien.
 
3. Pasa más tiempo con los amigos y la familia. Suena tópico, pero no haber pasado el tiempo suficiente con los amigos y la familia es uno de los principales arrepentimientos que expresa la gente antes de morir. Interactuar con aquellos que nos aprecian y a los que apreciamos revierte positivamente en nuestro estado de ánimo. Así lo explica Daniel Gilbert, profesor de psicología de Harvard: "Somos felices cuando tenemos familia y somos felices cuando tenemos amigos, y casi todas las otras cosas que creemos que nos hacen felices son, en realidad, vías para tener más amigos y más familia".
 
En la misma línea, el estudio Terman, recogido en The Longevity Project, concluía que las relaciones con los demás son fundamentales para vivir una vida larga y feliz: "El beneficio más claro de las relaciones sociales viene de ayudar a los demás. Aquellos que ayudaban a sus amigos y sus vecinos, aconsejando y cuidando de los demás, tendían a vivir más que el resto".
 
4. Sal a la calle con frecuencia. En The Happiness Advantage Shawn Achor recomienda pasar tiempo al aire libre para aumentar la alegría y el buen humor: "Reservar tiempo para estar al aire libre cuando hace buen día proporciona grandes ventajas; un estudio reveló que pasar 20 minutos en la calle cuando hace buen tiempo no sólo propicia el buen humor, sino que desencadena la reflexión y mejora la memoria".
 
Así, aunque sea simplemente en el descanso para comer, reserva unos minutos al día para que te dé el aire.
 
5. Ayuda a los demás. Para ser felices nosotros mismos resulta imprescindible ayudar a los demás, y 100 horas al año (dos horas a la semana) parece ser el número clave de tiempo que debemos dedicar al resto. El Journal of Happiness Studies publicó una investigación que aludía al hecho de que la gente a la que se le había encargado comprar algo para otra persona experimentaba una felicidad mucho mayor que aquellos que se habían comprado algo a sí mismos.
 
6. Sonríe. No se trata de fingir, pero sonreír nos puede hacer sentir mejor. Por supuesto, es importante que la sonrisa sea el producto de cultivar pensamientos positivos, como afirma un estudio de la Michigan State University. Éste sugiere que los que trabajan de cara al público, si fuerzan una sonrisa falsa a lo largo del día su estado de ánimo empeora y terminan por dejar el trabajo. Sin embargo, aquellos que sonríen como resultado de pensar en cosas positivas mejoran su estado de ánimo y están más alegres.
 
José Antonio Marina y el doctor Luis Rojas Marcos, dos de los grandes pensadores de España, explican en esta entrevista a El Confidencial que “cuando yo sonrío, expreso mi bienestar, pero también aumento mi bienestar”.
 
7. Planea un viaje, aunque no vayas a hacerlo. El mero hecho de planear un viaje o un descanso del trabajo puede contribuir al bienestar. Un estudio publicado en el Applied Research in Quality Life mostraba que el mayor pico de felicidad se experimentaba durante la planificación de las vacaciones, más que durante el propio viaje.
 
Ello está ligado al sentimiento de anticipación. Como refiere también Shawn Achor, "un estudio reveló que en la gente que pensaba que iba a ver su película favorita se elevaban los niveles de endorfina un 27%".
 
8. Medita. Un equipo de investigación del Massachusetts General Hospital realizó escáneres cerebrales a 16 personas antes y después de su participación en un curso de meditación de ocho semanas. El estudio, publicado en Psychiatry Research: Neuroimaging, concluía que tras completar el curso las partes del cerebro asociadas con la compasión y la consciencia propia habían crecido, mientras que las partes relacionadas con el estrés se reducían.
 
Además, meditar suele relajarnos y clarificar nuestra mente, lo que también contribuye a nuestra propia felicidad. Además de aumentar la creatividad y la inteligencia, como defiende el cineasta David Lynch. 
 
9. Múdate cerca del trabajo. El tiempo que nos cuesta llegar al lugar del trabajo tiene un gran impacto en nuestra felicidad. Al fin y al cabo, es algo que hacemos dos veces al día, cinco días a la semana, y la gente a la que le lleva mucho tiempo desplazarse o que lo hace de manera incómoda es menos feliz. Así lo dice The Art of Manliness: "Mientras que muchas condiciones no afectan a nuestra felicidad a largo plazo porque nos acostumbramos a ellas, nunca nos acostumbramos al esfuerzo diario de ir al trabajo. A veces el tráfico es espantoso y a veces no". Así lo decía también Gilbert: "Conducir en un atasco es un tipo distinto de infierno cada día".
 
10. Practica la gratitud. Estar agradecidos por las cosas que tenemos –lo que implica valorarlas en su justa medida– es muy importante para ser conscientes de nuestra felicidad y disfrutarla más. De hecho, los participantes de un experimento ligado a la gratitud debían, en primer lugar, escribir una lista de las cosas por las que estaban agradecidos, y ese simple hecho ya mejoró su estado de ánimo. Siempre de acuerdo con el refranero español, para el que "es de bien nacido ser agradecido".
 
De la misma manera que podemos invertir dinero en los demás, podemos invertir nuestro tiempo, lo que resulta ser incluso más satisfactorio y nos proporciona grandes dosis de alegría. 
 
Fuente: El Confidencial.
 

 
Cuando llega la hora de concentrarse para estudiar hay que encontrar un lugar apropiado para hacerlo. Lejos de ruidos, distracciones, limpio, bien ventilado... Éstas bien podrían ser las características de una habitación, un despacho o incluso de una biblioteca. Lo cierto es que, según unComo, los lugares más apropiados para estudiar son aquellos que reúnen las siguientes características.
 
Disponible las 24 horas.
Supongamos que, por ejemplo, eres incapaz de pegar ojo en toda la noche y se te ocurre dar un repaso a la materia del examen que se está aproximando. Un buen lugar de estudio ha de poder estar disponible las 24 horas. Por eso, en este caso, lo mejor sería disponer en casa de un espacio apropiado para el estudio.
 
Sin interrupciones.
Para poder estudiar con tranquilidad hay que remontarse, sin exagerar, a la prehistoria. Allí no había teléfono, ni ordenador, ni móvil, ni televisión, ni tebeos... Busca un sitio vacío y fuera de distracciones. Aquí el mejor espacio sería, sin duda, una biblioteca. Un lugar en el que la concentración de otros te ayudará a empeñarte en el estudio.
 
Mesa amplia.
Cuando se está cursando varias asignaturas a la vez, en ocasiones es difícil poder colocar todos los libros encima de la mesa, sobre todo si ésta es pequeña, ya que entonces quedará poco espacio para estudiar con comodidad. En ese caso, busca una mesa lo suficientemente amplia para que no entorpezca tu labor. Esta podría ser la de la biblioteca o la de la cocina.
 
Con materiales de estudio.
Lápices, bolígrafos, folios y libros de consulta son siempre imprescindibles para todo estudiante. Tenlos en cuenta a la hora de estudiar. Quizá, el lugar más apropiado sea la biblioteca de la universidad, ya que allí encontrarás manuales que te despejarán de cualquier duda.
 
Buena iluminación y temperatura.
Ni frío ni calor ni siempre con luz artificial. Es importante que todo estudiante se sienta agusto cuando va a emprender la ardua tarea de estudiar, si no es así, difícilmente se concentrará y esto repercutirá en su rendimiento. Busca un lugar cerca de una ventana y donde no dé demasiado el sol.
 
Con un mural o tablón de anuncios.
Tablón de anuncios o corcho, lo mismo da. Lo esencial es que el alumno se haga unos planes de estudio que cumpla a rajatabla, que los tenga bien visibles y pueda ir tachando las tareas que ya ha completado.
 
Fuente: Un como.