Un estudio de la Universidad Brigham Young (EE UU) ha analizado lo que sucede cuando alguien miente en un mensaje digital, ya sea en una conversación de whatsapp, en las redes sociales o en un sms. Y han descubierto que se puede reconocer a un mentiroso porque tarda más en responder, edita más mientras escribe -borrando y reescribiendo- y sus mensajes son más cortos de lo habitual. 
 
"Las conversaciones digitales son un terreno que fomenta el engaño, porque las personas pueden disimular y hacer que sus mensajes parezcan creíbles", subraya Tom Meservy, profesor de sistemas de la información y coautor del estudio que publica la revista ACM Transactions on Management Information Systems. Según el investigador, mientras que en un contexto presencial las personas pueden detectar mentiras con precisión en un 54% de las ocasiones, este procentaje desciende en la comunicación digital al no poder oír la voz del interlocutor ni ver la expresión de su rostro o los gestos de sus manos. 
 
En su experimento, Meservy y sus colegas trabajaron con más de un centenar de estudiantes universitarios que mantuvieron conversaciones con un ordenador que les formulaba decenas de preguntas. Al pedirles que mintieran en la mitad de sus contestaciones, los científicos comprobaron que tardaban un 10% más de tiempo en escribir las respuestas falsas, y que estas últimas eran editadas muchas más veces. Con estos conocimientos, augura Meservy, se podrían crear sistemas de conversación capaces de detectar mentiras en tiempo real. 
 
Fuente: Muy Interesante.
 

 
América se llama así por el cartógrafo y comerciante florentino Américo Vespucio (1454-1512). Instalado en España y naturalizado castellano en 1505, Vespucio participó en dos viajes de exploración al Nuevo Mundo. Desempeñó varios cargos en la Casa de Contratación de Sevilla, entre otros el de piloto mayor a partir de 1508.
 
Su fama principal se debe a dos obras publicadas bajo su nombre entre 1503 y 1505: el Mundus Novus y la Carta a Soderini, que le atribuyen un papel protagonista en el Descubrimiento de América y su identificación como un nuevo continente. Por esta razón el cartógrafo Martín Waldseemüller en su mapa de 1507 acuñó el nombre de América en su honor para llamar al territorio que hasta entonces era considerado como las Indias Occidentales.
 
Asia viene del asirio aszu, que significa este o salida del sol.
Europa pudo derivar del asirio ereb, ocaso, por situarse al poniente del mundo conocido por los griegos.
Se cree que África deriva del latín aprica (soleado) o del griego aphriké (sin frío).
Oceanía debe su nombre a la abundancia de agua que rodea sus territorios.
Antártida –el continente helado del sur– viene del griego antarktikos, formada por anti (en oposición) y arktikos. Esta procede de arktos (oso), pues el Ártico o Polo Norte está bajo la Osa Mayor.
 
Fuente: Muy Interesante.
 

 
No solo es importante cuánto estudias, sino cómo estudias. Con un método es posible extraer de una actividad -sea manual o intelectual- el máximo partido con el menor esfuerzo.
 
Todo aprendizaje depende del estudio. De ahí la necesidad de adquirir habilidades de estudio. Saber cómo se estudia significa saber cómo pensar, observar, analizar, organizar; es decir saber ser mentalmente eficiente. 
 
Para que un alumno aprenda debe seguir un método, de esta manera notaremos cómo se simplifica nuestra tarea y cómo aumenta el rendimiento.
 
El punto crucial es aprender a aprender. Y se aprende gracias a estrategias (desarrolladas extensamente en esta obra). Una vez adquiridas, las buenas estrategias de aprendizaje nos sirven para toda la vida.
 
El éxito  en el estudio. Investigaciones hechas en todo el mundo indican que el uso sistemático de determinadas habilidades de estudio, y no solamente la fuerza de voluntad, es responsable de los éxitos de los alumnos de alto rendimiento.
 
No se trata de la fuerza  de voluntad. Cuanto más comprensión tengas de las reglas y los beneficios que éstas dan, menos necesidad tendrás de esforzarte con la voluntad.
 
¿Qué métodos usar? Existen diversas técnicas que permiten obtener el máximo rendimiento en el estudio; pero tales técnicas han de seleccionarse, en cada caso, teniendo en cuenta:
 
·    tus características psicológicas.
 
·    la materia que es necesario aprender.
 
·    los medios de que dispones.  
 
Aprendiendo con todo el cerebro. Nuestro cerebro está compuesto de dos hemisferios, y cada uno de ellos se especializa en una forma distinta de procesar la información, que complementa a la del otro hemisferio.
 
Ninguna es superior a la otra, y es la suma de ambas lo que le da a la mente su asombrosa flexibilidad, y lo que genera el pensamiento efectivo.
 
Cada persona tiene más desarrollado uno de ambos hemisferios, y eso significa que tiene más facilidad para unas materias que para otras.
 
El estudio es más eficaz con la actividad de ambos hemisferios. Con las técnicas de memoria que te enseñaremos irás desarrollando el hemisferio derecho, que la mayoría de las personas no ejercitamos suficientemente, ni en la escuela, ni en la universidad, ni en la vida diaria.
 
 
¿1 + 1 = 5? El profesor Robert Ornstein, de la Universidad de California, estimulando con ejercicios el hemisferio que determinadas personas tenían debilitado por falta de uso, constató que cuando ambos lados del cerebro trabajan en conjunto, la eficiencia global resulta ser de 5 a 10 veces mayor.
 
Aplicando la ley del menor esfuerzo, con eficacia. Con un método, sistemáticamente organizado, es posible extraer de una actividad -sea manual o intelectual- el máximo partido con el menor esfuerzo.
 
Todo aprendizaje depende del estudio. De ahí la necesidad de adquirir habilidades de estudio. Estas habilidades se logran a través de un constante trabajo personal. Saber como se estudia significa saber cómo pensar, observar, analizar, organizar; es decir saber ser mentalmente eficiente. 
 
Investigaciones hechas en todo el mundo indican que el uso sistemático de determinadas habilidades de estudio, y no solamente la fuerza de voluntad, es responsable de los éxitos de los alumnos de alto rendimiento.
 
Cuanto más comprensión tengas de las reglas y los beneficios que éstas dan, menos necesidad tendrás de esforzarte con la voluntad.
 
Fuente: Técnicas de estudio.
 

 
La palabra Sol tiene su origen en el término latino sol, solis, que significaba exactamente lo mismo: Sol, la estrella luminosa, centro de nuestro sistema planetario.
 
Algunas palabras del latín relacionadas son solium, que quiere decir "trono, sitial" –quizá por eso, los romanos llamaban a nuestra estrella el carro o trono de Apolo, y los egipcios, el carro de Amón–; solus, solo, único; y solidus, sólido, consistente. La raíz se remonta al presánscrito sû, que significa “el que genera vida”.
 
En cuanto a la Luna, los romanos ya usaban este término para designar a nuestro satélite natural y a los de cualquier otro planeta, y hoy también sirve para nombrar el cristal de un escaparate o de un parabrisas. La palabra latina luna era una contracción de lucina, que al igual que lux, lucis –luz–, lucere –brillar, lucir– o lumen –lumbre, luz– procedían de la raíz indoeuropea leuk-, presente en el griego leukós, blanco brillante.
 
Originalmente, por tanto, la voz luna significaría "la luminosa, la que ilumina" y evocaba una fuerza activa de carácter femenino, como la diosa griega Selene. Otros derivados son el día lunes (de dies Lunae), lunático, interlunio y plenilunio.
 
Otro término astronómico curioso es el de planeta. Procede del griego planetai, que significa “errante, vagabundo”. Los antiguos astrónomos helenos se dieron cuenta de que ciertos objetos celestes no permanecían fijos en el firmamento y los llamaron asteres planetai, o sea, estrellas errantes.
 
Luego usaron simplemente planetai para describir a los cuerpos sólidos que giran alrededor de una estrella y que se hacen visibles por la luz que esta refleja. En particular la palabra designa a los que orbitan alrededor del Sol; entre ellos, la Tierra.
 
Fuente: Muy Interesante.
 

 
Las picaduras de abeja son realmente molestas, dolorosas y bajo ciertas circunstancias, hasta pueden ser peligrosas; si alguna vez te picó una, seguro lo sabes. Quizá algo que también sabes entonces es que muchísima gente cree que las abejas siempre mueren después de picarte, ya que su aguijón y parte de su cuerpo se desprende, pero esto no es del todo correcto y estos insectos tan importantes no siempre mueren.
 
La enorme mayoría de las abejas, los abejorros y también las avispas, poseen un aguijón liso como si fuese una aguja, lo cual les permite picar varias veces sin la necesidad de sacrificarse. Sin embargo, existen ciertas especies que poseen una forma evolucionada de aguijón, el cual tiene pequeñas fibras que cual gancho sostienen el aguijón una vez es utilizado.
 
Al intentar desprenderse, también se desprende el saco de veneno de la abeja, parte de su tracto digestivo, músculos y nervios, por lo cual muere casi al instante. No obstante, te repito, la mayoría de las abejas no cuentan con este aguijón, el cual fue especialmente desarrollado para atacar animales de piel gruesa, como la nuestra. Las únicas abejas que tienen este aguijón son las del género Apis.
 
Fuente: Sabías un dato.