LA FAMILIA ES EL CENTRO:
Mensaje del Papa Francisco para las comunicaciones
 
VATICANO, 23 Ene. 15.- El Papa Francisco ha dedicado su mensaje para la 49° Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales a la familia, “una realidad concreta que se ha de vivir” y no un modelo abstracto, como tienden a presentarla los medios de comunicación. En ese sentido, el lema para este año es “Comunicar la familia: ambiente privilegiado del encuentro en la gratuidad del amor”.
 
El Pontífice piensa que “volver a este momento originario nos puede ayudar, tanto a comunicar de modo más auténtico y humano, como a observar la familia desde un nuevo punto de vista”.
 
Además, destaca que “el desafío que hoy se nos propone es, por tanto, volver a aprender a narrar, no simplemente a producir y consumir información”.
 
La Jornada, que se celebrará el próximo 17 de mayo, puede inspirarse en el evangelio de la visita de María a Isabel, dice el mensaje del Papa. “Este episodio nos muestra ante todo la comunicación como un diálogo que se entrelaza con el lenguaje del cuerpo”. Asimismo, “exultar por la alegría del encuentro es, en cierto sentido, el arquetipo y el símbolo de cualquier otra comunicación que aprendemos incluso antes de venir al mundo”.
 
“El seno materno que nos acoge es la primera 'escuela' de comunicación, hecha de escucha y de contacto corpóreo, donde comenzamos a familiarizarnos con el mundo externo en un ambiente protegido y con el sonido tranquilizador del palpitar del corazón de la mamá”.
 
El Papa subraya que “después de llegar al mundo, permanecemos en un 'seno', que es la familia. Un seno hecho de personas diversas en relación” donde “la familia es el 'lugar donde se aprende a convivir en la diferencia'”.
 
Allí nace “un vínculo” que “fundamenta la palabra, que a su vez fortalece el vínculo”. Y “en la familia se aprende a hablar la lengua materna, es decir, la lengua de nuestros antepasados”. Pero también “se percibe que otros nos han precedido, y nos han puesto en condiciones de existir y de poder, también nosotros, generar vida y hacer algo bueno y hermoso”.
 
Francisco asegura que “podemos dar porque hemos recibido, y este círculo virtuoso está en el corazón de la capacidad de la familia de comunicarse y de comunicar; y, más en general, es el paradigma de toda comunicación”.
 
“La experiencia del vínculo que nos 'precede' hace que la familia sea también el contexto en el que se transmite esa forma fundamental de comunicación que es la oración. Así, la mayor parte de nosotros ha aprendido en la familia la dimensión religiosa de la comunicación, que en el cristianismo está impregnada de amor, el amor de Dios que se nos da y que nosotros
ofrecemos a los demás”.
 
El mensaje explica además que “lo que nos hace entender en la familia lo que es verdaderamente la comunicación como descubrimiento y construcción de proximidad es la capacidad de abrazarse, sostenerse, acompañarse, descifrar las miradas y los silencios, reír y llorar juntos, entre personas que no se han elegido y que, sin embargo, son tan importantes las unas para las otras”.
 
El Obispo de Roma hace hincapié en que “la familia está viva si respira abriéndose más allá de sí misma” y así “pueden comunicar su mensaje de vida y de comunión, pueden dar consuelo y esperanza a las familias más heridas, y hacer crecer la Iglesia misma, que es familia de familias”.
 
Pero, además, “la familia es, más que ningún otro, el lugar en el que, viviendo juntos la cotidianidad, se experimentan los límites propios y ajenos, los pequeños y grandes problemas de la convivencia, del ponerse de acuerdo”.
 
Ante este realidad de la familia, el Pontífice comenta que “no existe la familia perfecta, pero no hay que tener miedo a la imperfección, a la fragilidad, ni siquiera a los conflictos; hay que aprender a afrontarlos de manera constructiva. Por eso, la familia en la que, con los propios límites y pecados, todos se quieren, se convierte en una escuela de perdón”.
 
El texto recoge una mención especial a las familias que tienen hijos afectados por alguna discapacidad. Sobre ellas, Francisco explica que “el déficit en el movimiento, los sentidos o el intelecto supone siempre una tentación de encerrarse; pero puede convertirse, gracias al amor de los padres, de los hermanos y de otras personas amigas, en un estímulo para abrirse, compartir, comunicar de modo inclusivo; y puede ayudar a la escuela, la parroquia, las asociaciones, a que sean más acogedoras con todos, a que no excluyan a nadie”.
 
Por otro lado, el Papa cree que “en un mundo donde tan a menudo se maldice, se habla mal, se siembra cizaña, se contamina nuestro ambiente humano con las habladurías, la familia puede ser una escuela de comunicación como bendición”.
 
La última parte trata del papel de los medios de comunicación más modernos, “que son irrenunciables sobre todo para los más jóvenes”, “pueden tanto obstaculizar como ayudar a la comunicación en la familia y entre familias”. Algo que sucedería si “se convierten en un modo de sustraerse a la escucha, de aislarse de la presencia de los otros, de saturar cualquier momento de silencio y de espera, olvidando que 'el silencio es parte integrante de la comunicación y sin él no existen palabras con densidad de contenido'.
 
Y, al contrario, se pueden favorecer “si ayudan a contar y compartir, a permanecer en contacto con quienes están lejos, a agradecer y a pedir perdón, a hacer posible una y otra vez el encuentro”.
 
En definitiva, “la familia, en conclusión, no es un campo en el que se comunican opiniones, o un terreno en el que se combaten batallas ideológicas, sino un ambiente en el que se aprende a comunicar en la proximidad y un sujeto que comunica, una 'comunidad comunicante'”.
 
Pero el Pontífice denuncia al mismo tiempo que “los medios de comunicación tienden en ocasiones a presentar la familia como si fuera  un modelo abstracto que hay que defender o atacar, en lugar de una realidad concreta que se ha de vivir; o como si fuera una ideología de uno contra la de algún otro, en lugar del espacio donde todos aprendemos lo que significa comunicar en el amor recibido y entregado”.
 
Así pues, Francisco termina diciendo que “no luchamos para defender el pasado, sino que trabajamos con paciencia y confianza, en todos los ambientes en que vivimos cotidianamente, para construir el futuro”.
 
Fuente: ACI/EWTN Noticias.