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El simpático origen de algunas palabras

Por María Carvajal.
 
El idioma español goza de una riqueza léxica sorprendente aunque la mayoría de los hispanohablantes no la aprovechamos. Tendemos a utilizar los mismos términos, casi siempre los más simples, en lugar de incorporar aquellos que vamos adquiriendo y que, seguramente, harían nuestro discurso más interesante y valioso.
 
Sin embargo, las palabras más comunes y cotidianas, aquellas que todos utilizamos, a veces esconden historias curiosas en lo que a su origen se refiere. Así pues, vamos a desvelar algunas de ellas.
 
La palabra “siesta” proviene de la división canónica del día. Los romanos, bajo la Regla de San Benito, tenían la norma de guardar silencio y reposo en la sexta hora, la franja más calurosa de la jornada, que coincidía con la mitad del día. En España hemos adoptado esta costumbre de descansar en la sobremesa, principalmente, en verano.
 
Antes del cristianismo llamaban “necrópolis” al lugar donde se enterraba a los muertos. La palabra “cementerio” viene del griego (κοιμητηριον “koimetérion”) y significa “dormitorio”. Posteriormente fue introducida por los cristianos, que creían en la resurrección. Por eso, cuando alguien muere decimos “que descanse en paz”, esperando su resurrección.
La palabra “salario” también procede de la antigua Grecia, donde existía el intercambio de sal por esclavos. Así surgió la expresión “no vale su sal”. Actualmente, intercambiamos nuestro trabajo por un salario que, afortunadamente, no se trata de un puñado de sal.
 
“Echahumos” sería una traducción al castellano de la palabra gallega “botafumeiro”. Se dice que los peregrinos llegaban sucios y malolientes a la Catedral de Santiago. Por eso, se hacía necesario purificar el ambiente producido por el hacinamiento de quienes habían caminado durante meses.
 
La palabra “vacuna” es de origen latino (vacca: “vaca”). Parece ser que el médico británico Edward Jenner hizo estudios en zonas rurales y descubrió que las mujeres que estaban en contacto con las vacas desarrollaban un tipo de viruela propia de este animal (viruela vacuna) que es más leve que la viruela humana. Una vez que la persona está infectada, desarrolla la inmunidad ante la enfermedad, que no vuelve a manifestarse en su organismo. El doctor Jenner creó la primera vacuna partiendo, precisamente, de la viruela vacuna, y de ahí el origen de esta palabra.
 
Por otro lado, la palabra “negocio” viene del latín (nec otium) que significa “sin ocio”. Si bien se entendía por “ocio” hacer algo en el tiempo libre sin recompensa económica, “negocio” era, pues, hacerlo a cambio de dinero.
En la antigüedad se creía que el carácter de las personas se medía por las secreciones que predominaban en su organismo. Así, aquellos que segregaban la bilis negra, denominada por los griegos melán kholé, eran más propensos a la depresión, estado de ánimo al que se llamó “melancolía”.
 
Como veis, queridos lectores, estas son solo algunas palabras que, aunque comunes, tienen un origen de lo más curioso.
 
Fuente: Narrativa Breve.